Hablamos
de amor creyendo que hablamos de amor, pero el amor verdadero está oculto en
nuestro interior. Nace en el manantial de nuestra esencia como personas y fluye
por nosotros intoxicándose con odio, miedo, posesión, vicio, mentira y egoísmo
con un triste destino en el que desembocar; el mar del sufrimiento.
La
sociedad codiciosa y egoísta que nos rodea se aprovecha de este sentimiento innato
que todos tenemos y lo mezcla con el consumo buscando un provecho material;
tener a otra persona, cenar con ella bajo la luz de las velas, viajar juntos,
hacerse regalos, pasear de la mano por un bello lugar, casarse... ¿Acaso no
viene a nuestra mente esta idea al oír la palabra amor? ¿Acaso estamos tan
ciegos como para no darnos cuenta de que, bajo el amor que conocemos, se
esconde el dinero? ¿Acaso podemos imaginar el amor sin consumo?
El
amor va mucho más allá de todo esto y, solo si olvidamos todas estas ideas nocivas y
viajamos hasta nuestro yo más profundo, podremos sentirlo. ¿Qué se mueve dentro
de nosotros al ver un bebé que acaba de nacer? ¿Al abrazarnos? ¿Al contemplar una flor y embriagarnos con su
aroma? ¿Al movernos? ¿Al escuchar el fluir de un río? ¿Al reír? ¿Al comer
nuestro plato preferido? ¿Al sentir el susurro del viento? ¿Al entender a otra
persona? ¿Al besarnos? ¿Al escuchar nuestra canción favorita? ¿Al acariciarnos?
Eso
que sentimos es el amor puro, sin corazas artificiales. Sintamos el amor dentro
de nosotros, no fuera. Amemos sin miedo e inundemos el mundo de felicidad,
porque el amor solo puede ser eso, felicidad.

No hay comentarios:
Publicar un comentario